Viajando en un tren, con destino a ninguna parte, me reuní con un jugador. Los dos estábamos demasiado cansados para poder conciliar el sueño.
Nos cansemos de mirar por la ventana, cuando el aburrimiento, hizo mella en nuestro espíritu, empezó a hablar. El dijo:”Hijo, he ganado la vida de las personas leyendo en la expresión de sus caras, sabiendo en sus ojos las cartas que llevan, así que puedo ver que no tienes ases en tus manos, pidiéndome un sorbo de whisky, me dio este consejo.
Así que le entregué mi botella y le dio el último trago. Entonces, cogió un cigarrillo y me pidió fuego.
La noche, tenía un silencio con olor a muerte y su frente perdió toda expresión, dijo: “ si vas a jugar el juego, muchacho tienes que aprender a jugar bien, tienes que saber cuando esperar, cuando apostar, cuando irte, cuando tienes que correr. Nunca contar el dinero, cuando estés sentado en la mesa, habrá tiempo suficiente para continuar cuando termine esta partida.